¿Qué perfiles se buscan en Colombia cuando la noche se pone interesante?

Un viernes a las once, dos personas abren una plataforma de encuentros. Una está en Medellín, la otra en Cali. La dinámica es la misma: revisar perfiles, descartar opciones, mandar algún mensaje y ver qué se arma. Lo que aparece en sus búsquedas, sin embargo, puede ser muy distinto.
Las mujeres siguen concentrando la mayoría de las consultas relacionadas con servicios para adultos, pero ya no ocupan solas el escaparate. Entre abril y julio de 2026, cerca de una de cada siete búsquedas con categoría definida en plataformas líderes del sector estuvo dirigida a un hombre o a una persona trans.
En cuatro meses fueron unas 592.000 sesiones. Suficientes para confirmar que, cuando llega la hora de buscar compañía, Colombia maneja un catálogo bastante más amplio que el que suele aparecer en películas, conversaciones de bar o titulares de prensa.
Las preferencias cambian mucho de una ciudad a otra. Medellín es uno de los casos más claros: casi el 18% de las búsquedas se dirige a escorts masculinos. Los perfiles trans también tienen una presencia considerable, con algo más del 12%.
En Cali sucede prácticamente al revés. Allí las búsquedas de personas trans llegan al 15%, casi el doble que las dirigidas a hombres.
Cúcuta juega otra partida. Cerca del 30% de las consultas con categoría identificable busca perfiles masculinos o trans, repartidos casi por igual. En Cartagena, en cambio, la proporción conjunta no alcanza el 12%.
Puede ser el turismo, la vida universitaria, la escena LGBT+, la cantidad de perfiles disponibles o esa combinación imprevisible que hace que cada ciudad salga de fiesta a su manera. Los registros de navegación no cuentan toda la historia, pero dejan algo bastante claro: buscar compañía en Medellín no es lo mismo que hacerlo en Cali, Cúcuta o Cartagena.
Y eso se nota antes incluso del primer “hola”.
Conocer a alguien en un bar tiene su encanto. También tiene ruido, filas, tragos caros, amigos opinando y la posibilidad de pasar dos horas conversando para descubrir que nadie entendió bien las intenciones del otro.
Las plataformas de encuentros acortan bastante ese recorrido. Permiten consultar opciones, hablar con calma y dejar algunos acuerdos claros antes de salir de casa. No garantizan una buena cita, porque ninguna aplicación puede prometer semejante milagro, pero sí reducen parte de la improvisación.
Para quienes ofrecen servicios, aparecer online también simplifica ciertas cosas. Un perfil permite mostrar disponibilidad, establecer condiciones y decidir qué información compartir. Además, facilita trabajar en la propia ciudad sin depender necesariamente de intermediarios o de circuitos nocturnos más expuestos.
La discreción pesa, sobre todo en lugares donde encontrarse con un conocido en el supermercado es casi una tradición local. Buscar desde el teléfono evita miradas indiscretas y permite organizar una cita sin anunciarla al grupo de amigos ni convertirla en tema del desayuno familiar.
Las consultas cuentan una parte. Los anuncios publicados muestran otra.
Aunque los hombres reciben el 7,2% de las búsquedas y las personas trans el 6,8%, su presencia entre los perfiles disponibles es mayor. Los anuncios masculinos representan algo más del 11% y los trans superan el 10%.
En otras palabras, aproximadamente uno de cada cinco perfiles con categoría definida no corresponde a una mujer.
La oferta parece haberse actualizado antes que la imagen colectiva del trabajo sexual. Mientras muchas personas todavía lo imaginan como un espacio exclusivamente femenino, las plataformas ya muestran hombres y personas trans presentando servicios, fijando horarios y atendiendo públicos muy diferentes.
No son perfiles escondidos al final de una página que nadie visita. Hay cientos de miles de consultas y una oferta consolidada en varias ciudades. El estereotipo, sencillamente, llegó tarde a la cita.
La categoría trans es la que más ha crecido. Entre abril y junio de 2025 y el mismo periodo de 2026, sus búsquedas aumentaron un 29%. Las de escorts masculinos también subieron, aunque a un ritmo menor, cercano al 11%.
Ese avance puede responder a varias razones. Tal vez hay más interés. Tal vez existen más perfiles publicados. También puede haber una mayor comodidad para buscar abiertamente aquello que antes se consultaba con más cautela. Los datos no permiten elegir una única explicación.
Lo que sí muestran es que la categoría trans está ganando visibilidad. Y tratándose de un colectivo que ha pasado años enfrentando discriminación laboral y social, poder encontrar clientes sin depender únicamente de la calle o de locales cerrados puede ofrecer cierto margen de autonomía.
Conviene no confundir esa autonomía con una historia de emprendimiento impecable para contar en redes. Trabajar mediante plataformas implica atender mensajes, filtrar contactos, proteger la identidad, gestionar horarios y detectar situaciones peligrosas. Tiene flexibilidad, pero también una buena cantidad de trabajo invisible.
Una noche puede empezar con una copa, una conversación y un plan improvisado. Para quien presta el servicio, empieza bastante antes: preparando el anuncio, contestando consultas, revisando perfiles y decidiendo cuáles inspiren suficiente confianza.
La seguridad atraviesa toda esa rutina. También el estigma, que no afecta del mismo modo a una mujer, a un hombre gay o bisexual y a una persona trans. Cada grupo se enfrenta a prejuicios y riesgos particulares, aunque todos aparezcan reunidos bajo la misma etiqueta comercial.
Colombia reconoce que el ejercicio voluntario del trabajo sexual no está penalizado y que, cuando existen las condiciones de una relación laboral, deben respetarse los derechos correspondientes. La norma, al menos sobre el papel, no limita esa protección a un género.
La conversación cotidiana suele ir varios pasos por detrás. Todavía se habla del sector casi siempre en femenino, dejando fuera a quienes también necesitan acceso a salud, seguridad y mecanismos para denunciar abusos sin miedo a ser ridiculizados.
Las búsquedas online no revelan qué ocurre después del primer mensaje. Tampoco dicen quién tuvo una buena experiencia, quién canceló a último minuto o quién pasó media hora eligiendo una foto para acabar cerrando la página.
Sí permiten ver qué opciones entran en consideración. Y en Colombia esas opciones incluyen una cantidad importante de hombres y personas trans, con diferencias llamativas entre ciudades.
La próxima cita puede surgir en un bar de Medellín, en una conversación iniciada desde Cali o en una búsqueda discreta desde Cúcuta. Puede incluir cena, hotel, música o apenas una charla previa para dejar todo claro. Lo único que ya no funciona es asumir de antemano quién aparece al otro lado.