La mujer que padece vaginismo tiene sus músculos vaginales contraídos de forma involuntaria o persistente cuando se intenta la penetración vaginal. Las contracciones pueden impedir las relaciones sexuales o hacerlas muy dolorosas, pero la mujer no tiene ningún control sobre ellas. 

Se trata, en efecto, de una condición molesta, que puede afectar a las mujeres no sólo desde el nacimiento, sino también en cualquier momento de su vida. Es posible que el vaginismo no se manifieste hasta que se intente la penetración vaginal, y se desconocen las razones de esta afección; los expertos ni siquiera saben cuántas mujeres la padecen, pero se considera que es poco frecuente. Un examen pélvico suave no suele mostrar ninguna causa de las contracciones, y ninguna anomalía física contribuye a la afección. 

Si sufres de vaginismo, recuerda que no es tu culpa y que no hay nada de qué avergonzarse. Sin embargo, estos trastornos pueden interferir en tus relaciones y en tu calidad de vida.

Por lo tanto, es muy importante estar informado sobre esta condición para evitarla o curarla.

Vaginismo: qué es, cómo curarlo y cómo prevenirlo

Tipos de vaginismo

Se clasifica en dos tipos, que son el primario (cuando nunca se ha logrado la penetración vaginal) y el secundario (cuando la penetración vaginal se logró alguna vez, pero ya no es posible, potencialmente debido a factores como la cirugía ginecológica, el traumatismo o la radiación).

Algunas mujeres lo desarrollan después de la menopausia. Cuando los niveles de estrógeno descienden, la falta de lubricación y elasticidad vaginal hace que las relaciones sexuales sean dolorosas, estresantes o imposibles. Esto puede provocar vaginismo en algunas mujeres.

El vaginismo primario suele descubrirse entre las adolescentes y las mujeres de veintitantos años, ya que es la primera vez que muchas chicas y mujeres jóvenes intentan utilizar tampones, mantener relaciones sexuales con penetración o someterse a una citología.

Algunos de los principales factores que pueden contribuir al vaginismo primario son las condiciones de dolor crónico y el comportamiento de evitación de daños, la reacción emocional negativa hacia la estimulación sexual, por ejemplo, el asco tanto a nivel deliberado como a nivel más implícito, la estricta educación moral conservadora, que también puede provocar emociones negativas.

vaginismo

El vaginismo secundario puede deberse a causas físicas, como una infección por hongos o un traumatismo durante el parto, mientras que en algunos casos puede deberse a causas psicológicas, o a una combinación de causas. El tratamiento del vaginismo secundario es el mismo que el del vaginismo primario, aunque, en estos casos, la experiencia previa con la penetración puede ayudar a una resolución más rápida de la afección. El vaginismo perimenopáusico y menopáusico, que a menudo se debe a la desecación de los tejidos vulvares y vaginales como consecuencia de la reducción de estrógenos, puede producirse como resultado de “microdesgarros” que primero causan dolor sexual y luego provocan vaginismo.

Causas y síntomas del vaginismo

El vaginismo se ha relacionado con abusos sexuales o traumas pasados, relaciones sexuales dolorosas en el pasado o factores emocionales, aunque en algunos casos no se pueda encontrar una causa directa.

La contracción involuntaria de los músculos vaginales es el principal síntoma del vaginismo, pero su gravedad varía según las mujeres. Si tienes vaginismo, no puedes controlar o detener las contracciones de los músculos vaginales. El vaginismo puede tener síntomas adicionales, como el miedo a la penetración vaginal y la disminución del deseo sexual relacionado con la penetración.

Para hacer un diagnóstico, su médico le hará un examen físico y le preguntará sobre su historial médico y sexual.

Opciones de tratamiento

Lo más importante es entender que el vaginismo es un trastorno tratable. El tratamiento suele incluir educación, asesoramiento y ejercicios. El tratamiento suele centrarse en la gestión de tus sentimientos en torno a la penetración y en ejercicios para que te acostumbres gradualmente a ella.

La terapia psicosexual es un tipo de terapia conversacional que pretende ayudarte a entender y cambiar tus sentimientos sobre tu cuerpo y el sexo. Los ejercicios de atención plena, respiración y toques suaves también pueden ayudarte a aprender a relajar los músculos vaginales.

Otras formas de tratamiento son los ejercicios del suelo pélvico, como los ejercicios de apretar y soltar para ganar control sobre los músculos vaginales, y el uso de entrenadores vaginales, objetos con forma de tampón de diferentes tamaños que te ayudan a acostumbrarte gradualmente a que te metan algo en la vagina.

El tratamiento se realiza inicialmente bajo la dirección de terapeutas especializados, pero al cabo de un tiempo deberá practicar algunos de los ejercicios en casa. El tratamiento suele funcionar en la mayoría de los casos, y puede esperar ver los resultados y las mejoras en cuestión de semanas.

Cómo prevenir el vaginismo

Siempre es mejor prevenir que curar, así que es una buena idea hacer algunos ejercicios que te ayuden a mantener los músculos vaginales en forma. Todas las mujeres deberían hacer algunos ejercicios de Kegel en casa para aprender a controlar y relajar los músculos que rodean su vagina.

Un ejemplo para hacer los ejercicios de Kegel es apretar los mismos músculos que utilizas para detener el flujo cuando estás orinando: aprieta los músculos, mantenlos de 2 a 10 segundos, relaja los músculos. Repite esto durante 20 veces, tantas veces al día como quieras: es la mejor manera de mantener alejado el vaginismo.